Una exposición de barrio

Hace sólo unos días que inauguramos nuestra primera exposición, y fue una exposición de barrio. Durante dos meses andamos preguntándonos, confabulándonos, equivocándonos… Pero llegó el día, y todo cobró sentido. En colaboración con Nubia (un colectivo de apoyo familiar), promovimos una exposición fotográfica (muestra la llamamos, que suena menos pretencioso) en el mes de la fotografía en Córdoba (o eso nos gusta pensar cuando hay un evento cultural público que se erige como el culmen de la programación en ese periodo de tiempo).
La nuestra era una exposición de barrio, con protagonistas de barrio, en un colegio y con merienda casera de por medio. Sin duda lo único que no podía tildarse de barrio eran las fotografías, hechas por un profesional que aceptó para trabajar condiciones low-cost, suponemos que porque él también, es de barrio. Pero lo importante no eran las fotos (con perdón) sino las fotografiadas, y para nosotros, que esas fotografiadas entraran en contacto con la fotografía. Mujeres de barrio, alguna de ellas madre de hijos con discapacidad, otras, hijas de una posguerra que ya casi no recuerdan, todas, luchadoras y tenaces, sin duda, lejanas al arte y la expresión cultural contemporánea.
Y todo cobró sentido cuando ellas vieron sus fotografías. Atrás quedaban el metro y el lápiz que trataban de centrar las reproducciones en tablones marrones de sala de profesores, la masilla infame que no cumplió su función, el coche pitando hacia la gasolinera para comprar adhesivo: cinta americana (igual que con la que capturaron a Bin Laden, bromeó el gasolinero)… Atrás la caída de un panel en el mismo rostro de la autoridad momentos antes de inaugurar, atrás los niños que pintaron una cartela…
Ellas estaban ante su foto, rodeadas de sus hijos, nietos, vecinas… Y sucedió: se fotografiaban delante de su fotografía, abriendo un simpático agujero en el espacio-tiempo, haciendo un guiño al eterno retorno, usando la fotografía para generar fotografía. Nunca vimos tanta emoción delante de una obra de arte, ni siquiera delante de la Gioconda, o del Guernica, o de cualquier otra que hubiese sido admirada durante años por todo el mundo. Y todo cobró sentido, porque la cultura es de las personas, también de las de barrio, de aquellas que, a pesar de pagarla con sus impuestos, nunca irán a la Sala Orive, ni sabrán quién es Marina Abramovic, pero sí que saben disfrutar de la fotografía cuando ésta cuenta cosas que interesan a quien las mira.
Es muy necesario que exista programación cultural de calidad, de esa que toca el espíritu y abre caminos para aquellos que los están buscando. Pero es igual de necesario que existan otras cosas menos rimbombantes, sencillas, cercanas (y no por ello carentes de calidad artística, recuerden a nuestro genial fotógrafo, aún más grande por trabajar a nivel barrio), porque la cultura, el arte y todas esas intelectualidades llegan a todos, pero no de la misma manera.
Es importante que haya exposiciones de barrio, porque también se subliman las personas de barrio, pero de otra forma; Es importante porque quizá haya alguien en el barrio que mañana, movido por la curiosidad, vaya a la Sala Orive; porque es posible que alguien del barrio, después de ver la exposición en la que retrataron a su abuela, coja una cámara y dedique su tiempo de ocio (vacio en el barrio) a hacer fotografías; porque a lo mejor, esa tarde, alguien sintió que una foto es algo más que una foto, haciendo verdad, sin saberlo, a Susan Sontag y su erótica del arte.
Todo cobró sentido para La Culpable, porque las exposiciones de barrio persiguen otras cosas. Entendimos que la cultura se manifiesta de infinitas maneras, que no es que llegue a cada uno, sino que cada uno la lleva en sí mismo, y cada uno la encuentra a su manera. Comprendimos que es ahí donde queremos estar, en ese escalón primero que conduce a los siguientes, uno a uno, hasta llegar a la Sala Orive, después al Prado, o a la Tate, o al Hermitage. Decidimos que será nuestra ilusión, trabajar para acercar la cultura (en cualquiera de sus manifestaciones) al barrio, a cualquier barrio, porque en cualquiera de ellos hay alguien que está esperando a que se la presenten, porque aunque ya la conoce, necesita comprobar que eso que siente es lo que otros llaman cultura.
Fuente: laCulpable